HOY: Presentación de “Ahora sí” en Cáceres

Hoy en Cáceres: presentación del libro “Ahora sí”, de Julio César Galán (Huesos de jibia, 2018. Colección Poesía).

Será a las 20hs en la Librería-café Psicopompo: Plaza Marrón, 12
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Reseña a “Ahora sí”, de Julio César Galán

Compartimos la reseña a “Ahora sí”, de Julio César Galán (HDJ, 2018), publicada el 4 de enero en el blog Puentes de papel.
Por José Luis Morante:
Doctor en Ciencias de la Educación y profesor universitario con amplio quehacer docente, Julio César Galán (Cáceres, 1978), ensayista y poeta, alienta un trayecto lírico que hace de la experimentación norte de la escritura. Sus entregas, desde el poemario de amanecida Tres veces luz (2007) hasta el volumen Testigos de la utopía (2017), inciden en el ser magmático del lenguaje y en su capacidad para expandir estrategias formales y significados a partir del uso de recursos expresivos personales y de una heteronimia, que convierte el ser literario en un solista polifónico. Un ego proteico, capaz de acometer mutaciones identitarias que postulan singulares enfoques creadores y reflexivos.
   La selección Ahora sí permite adentrase en esta compleja trama creadora, mediante los poemas de cinco entregas ordenadas por fecha de salida editorial y representadas por composiciones de extensión variable. El crítico Antonio Ortega, siempre afín al magisterio decostructivista de Derrida y Barthes, aporta un texto de cubierta en el que expone su visual combativa respecto a la crítica tradicional, que para él no deja de ser una elemental interpretación programática y una tradición logocétrica; más allá de la infantil generalización que hace del bosque un ensamblaje de árboles iguales, deja dos o tres aseveraciones de interés: “se trata de mostrar las distintas vías de un poema en sus múltiples notas, versos excluidos, lecturas integradas, versiones, correcciones…”, contingencias que hablan del inacabamiento del poema y de la incierta realidad del mundo. Son dos ideas con vuelo, que deben constatarse a partir de la cribada selección de textos.
   El clima germinal de la antología se comenta con brevedad en la nota introductoria. En ella se contextualiza la retrospectiva que abarca un paréntesis de dos décadas, desde 1997 hasta 2017, y en el que se yuxtaponen seis entregas, aunque el paso inicial, El ocaso de la aurora, es considerado por el autor un trazado de tanteo, un aprendizaje reescrito parcialmente en la salida El primer día, por lo cual Tres veces luz, como se ha dicho, aparece como luz auroral.
  Los poemas iniciales siembran una sensibilidad evocativa e intimista. En su sencillez concentrada se perciben los reflejos de una entidad que humaniza las cosas y establece con ellas hacendosas correspondencias, que busca cobijo en sus fisuras para los desajustes del yo y confía en su recepción. En el estar del sujeto se hace fuerte el sentimiento crónico de irrealidad, un aprendizaje de las distancias que enseña a caminar, desde la constancia, hacia un horizonte lejano, sin la necesidad de mirar hacia atrás.  
  El segundo itinerario, Márgenes fue reconocido en 2012 con el Premio Villa de Cox. Las composiciones abren ventanas a un paréntesis existencial de tregua y mediodía. Es tiempo de mudanza, propicio al recuento y la rememoración, donde el vuelo sentimental mantiene su calma vertical que hace de la otredad paisaje franco; los versos son canto celebratorio, alba sin nieblas.
  El fluir como ejercicio de invención y alzada cobra fuerza en las composiciones de Inclinación al envés. Como si se abriese un nuevo ciclo, el poema aloja versos desechados y añade al pie de página apuntes digresivos que clarifican situaciones reflexivas. También aumenta el referente cultural, donde la lectura adquiere un carácter medular. El poema profundiza significados, como si velase claves, o el avance optara por desaprender y preguntarse de nuevo. Las palabras se borran para que sus significados se desvanezcan en la incertidumbre, como si la línea de horizonte abriese sus fisuras para alojar vacíos. Uno de esos vacíos es la enfermedad porque su impacto revierte la conciencia para dictar un tiempo de fragilidad y espera. Una nota (Página 49) habla de un centro poético construido desde la definición del horror, de ese descubrimiento en el cuerpo del tumor que hace recorrer en un instante la distancia entre joven y viejo, mientras queda patente que el dolor no enseña nada, salvo el miedo. Solo las palabras abrigan. Solo el poema.
  En algunos momentos la textura que adquiere alguna nota a pie de página recuerda el quehacer de un diario. En su escritura se hilvanan fragmentos críticos, teselas metaliterarias o impresiones personales que clarifican la naturaleza del título; de este modo Inclinación al envés no es sino el empeño de fusionar en un punto de encuentro la sensación de estar dentro o fuera, la idea de hacer visible lo invisible, el trance de ser al mismo tiempo autor y protagonista del relato; en suma, el cauce paradójico de la escritura.
   Los poemas de El primer día recuperan textos antiguos y optan por la revisión y la reescritura para asumir sensaciones atemporales. La textura absorbente del pasado humedece el ahora y construye planos simultáneos. El verso es posibilidad, caligrafía subjetiva que deforma el sentido lógico para abordar itinerarios alternos, reconstruidos con el despliegue de elementos que convierten al poema en un espacio maleable, con pluralidad significativa.
 Una mirada abierta concede al título Testigos de la utopía una semántica de esperanza y cumplimiento. Con él cierra el singular proceso de su escritura Julio César Galán en torno a un núcleo básico, el viaje migratorio, una de las incisiones especulares de un tiempo arrumbado por los desajustes económicos y la aleatoria distribución del mercado laboral. De este modo el caminar hacia la lejanía se hace errancia y nomadismo obligatorio. El territorio se ocupa pero se acrecientan el desarraigo, la condición de extranjería y el estar solo, abocado a otro origen. Retornar es buscarse; del mismo modo, escribir el poema es tantear materiales para superar la contingencia, es fluir y alejarse de lo desechado, es crecer con otra savia que asciende sin cauces establecidos.
   La poesía de Julio César Galán evidencia una cuidada elaboración en su propuesta formal, mantiene un singular sentido rítmico en el que se entrelazan el afán de ruptura y la tonalidad evocativa del discurso intimista. En Ahora sí se percibe el recorrido unitario, capaz de sumar tonalidades alternas que capturen la simetría emocional y el peso activo del lenguaje.
   La selección que acoge en su catálogo Huesos de Jibia enuncia la capacidad poética de Julio César Galán. Es una llamada a la disidencia de un lenguaje lineal, de esos trayectos acabados que no integran puntos de retorno. La antología reflexiona sobre las certezas existenciales y los claroscuros e imposiciones de un devenir que exige “hacer de la escritura poética un ejercicio de traducción”, una trasferencia de significados y significantes que hace de la posibilidad un proceso cumplido, un ahora sí.

Reseña de “Final de obra”, de Jorge Goyeneche

Copiamos a continuación la reseña a Final de obra, de Jorge Goyeneche (Colección La Falena -otras narrativas-, 2016), publicada el 2 de enero en la sección “Poeta en construcción” de la web http://eldiletante.net

 

Por TOMÁS VILLEGAS

La odisea, aquel relato épico atribuido a Homero y proferido por incontables rapsodas a lo largo y ancho de los maltrechos caminos de la Grecia Antigua, suele ser considerado, por razones largamente estudiadas, como uno de los textos fundacionales de la literatura occidental. Quisiera remarcar, en particular, el celebrado e incansablemente reescrito tópico del viaje: Ulises (u Odiseo, si se persigue el linaje griego), luego de haber luchado diez años en la isla de Troya, regresa –bastante dificultosamente, claro– a Ítaca. En el trayecto supera una serie de aventuras fantásticas que sólo su capacidad retórica será capaz de enunciar: los encantamientos de la bruja Circe, el hechizante canto de las sirenas, el salvajismo del cíclope Polifemo, el descenso al Hades. Pero se puede hacer frente a todos los males, incluso descender al infierno y volver navegando por el interminable Mediterráneo, porque tanto Penélope y Telémaco –mujer e hijo– como la investidura de rey aguardan su regreso, el nostos del héroe. Retorno merecido y justificado, puesto que Ulises ha cumplido con sus requerimientos de hombre griego y aristocrático: ha utilizado no sólo sus trucos discusivos sino también la violencia física en pos de la victoria bélica, ha vivido –como nos recuerda Alfonso Reyes– cerca de la naturaleza y de las cosas humildes y ha llorado, sin ningún tipo de prurito, cuando ha sido pertinente.

En Final de obra, el autor y traductor platense Jorge Goyeneche propone un viaje inmóvil, recorriendo el mar de pensamientos, rumias, angustias, lecturas, proyectos y anhelos que un poeta-obrero debe atravesar –mientras carga con (el teatro de) su propio cuerpo– para construir la casa familiar. “Todo sin plano, únicamente plan de mudarse / cuanto antes casi como sea lejos de la ruina prestada. / Vivir allí los seis, por fin”. A diferencia de Ulises, que vuelve, en un punto, satisfecho de sí mismo –quiero decir, del sentido de su obrar–, este artista debe finalizar su obra (la casa, la novela, el poema) para justificar(se) ante los otros y demostrar(se) que hay, después de todo, una meta –quiero decir, un sentido–. Porque si algún héroe sobrevive al remar absurdo de la existencia es aquel que, estoico en su persistir, se construye: nada de príncipes angelados por el soplo divino del Olimpo. Como escribiera Arlt, antes que inspiración, prepotencia del trabajo: ésta es la condición de la literatura, la condición de la vida.

Con momentos fuertemente narrativos, los versos libres de Final de obra van edificando las diversas instancias del poema-casa. El libro se estructura por partes: se inicia con la mezcla del “Concreto” –primero de los capítulos–, continúa por la contemplación de “El lote” hasta terminar, luego del uso de “Los materiales”, entre otros, con el simulacro de un fin de obra en “El techo”. En el principio, el poeta mezcla el concreto con dificultad, atosigado de preocupaciones respecto de su propia praxis: “¿Qué hace un poeta mezclando en un rincón frio de la casa sola / nueve baldes de arena, tres de cemento, tres de piedra y agua / helada? /Tal vez mata sus culpas o apenas las mezcla y cree /que obtendrá otra cosa, más sólida”. Resuena en Goyeneche aquella vieja pregunta de corte sartreano, que aterrizó incómoda en el campo argentino y provocó el malestar utilitario en varias de sus esferas: ¿Para qué sirve la literatura? ¿Qué puede –y debe– lograrse con ella? Resuena, creo, pero reescrita y actualizada; esto es, modificada, re-construida en el terreno de una sociedad en la que la figura del intelectual comprometido ha desaparecido, y en el que la mentalidad productiva puede concebir únicamente como materiales expresivos y artísticos a los materiales de la construcción.

poeta.jpgIlustración de Juan Carlos Comperatore

¿Es suficiente, en el mundo de hoy, con ser poeta o novelista? ¿Con qué alimento provee un artista a su familia? El poeta albañil fusiona sus voces, sus dolores, sus penas, sus miedos, su talento (“El alma es también fuerza motriz”, escribió Mayakovski), para levantar una casa, una obra, una identidad propia y ser, así, la elaboración que de sí mismo haga con sus propios materiales. El retorno definitivo al hogar de este working class hero, satisfecho por un proyecto enteramente concluido, está, sin embargo, condenado a naufragar: en un mundo de productos y resultados, la escritura artística y la subjetividad no son sino procesos en perpetuo movimiento y transformación. ¿Cómo volver, entonces, al terreno rentado, a la familia expectante –cómo dar la cara (la expresión es de David Viñas)– luego de una jornada laboral/intelectual sin ningún resultado concreto que exhibir? Y a sabiendas –a falta de males– de que el regreso por el mar de urbe desacralizado y deshumanizado, contaminado por los escombros del capitalismo, acarrea un castigo mitológico-existencialista: “Y aún falta volver. / Odisea sin dioses, sin cíclopes, / solamente olor a sudores y bufidos / de gente agotada por las leyes / del mercado. Todos tan apretados y desiertos / de ánimos que ni deseos de odiar conservan. / ¿Para qué tanta gana de volver, si lo mismo ocurrirá mañana?”

Goyeneche se mantiene ajeno a una idealización romántica o revolucionaria: el trabajo duele, pesa; el trabajo bruto –acarrear los materiales, bolsas de cal y cemento de cincuenta kilos– embrutece, estrecha la mirada y el pensamiento y pareciera ocuparlo todo. No hay descarga ni expiación de tentaciones; no hay catarsis, sino liso y llano agotamiento. El “heroísmo de albañil improvisado” zozobra y el puerto de llegada ni siquiera se divisa. “Está nadando en un mar sin horizonte, tragando agua, / braceando en la oscuridad del ahogo”. No obstante, es gracias a esa realidad concreta e indiscutible –al contacto bruto con los materiales–, que emergen a la superficie trazos, ideas, sentimientos, que servirán como basamento de la literatura. “Y sin embargo / entre golpe y golpe aflora alguna idea, un personaje, una emoción especial que escribirá luego”.

El prolongado viaje de Ulises y su insistente demora –necesaria para demostrar su espíritu aventurero y sus atributos (y trucos) humanos– tienen un arribo preciso, un final feliz: la llegada a Ítaca, la muerte a los pretendientes de Penélope, el reconocimiento de su mujer. El poeta-novelista-trabajador, muy por el contrario, se concibe como experimentación y construcción permanente, ése es su destino. Y con él deberá lidiar, porque es todo cuanto puede ofrecer a su familia. En suspenso queda el punto final de la construcción (“Ilusorio final de obra”) dado que no hay reposo para las fuerzas que, luchando entre sí, entremezclándose, motorizan este work in progress que es la vida de un poeta obrero.

 

Ir a la web: http://eldiletante.net/trabajos/poeta-en-construccion?fbclid=IwAR2hc_YBBcKin7XWTV7Qnksipg37d6WNygtH9x52UrT3gyzdWbcUvPWhO7w

TODO EL 2018

Se termina el 2018 y queremos recordar todas nuestras publicaciones del año:

Hoy, Poemas textuales, de Andrea Testarmata.

Bahía, en llamas.
No solo llegó la primavera,
también llegaste vos.
Y callaste un árbol tan viejo
en mi patio
que los pájaros vuelan
desorientados
pidiendo amparo
 
pero el presente dijo basta
a todos los momentos.
Un día seremos viejos,
un día no podré dejar de quererte.
 
 
 
ANDREA TESTARMATA nació en Bahía Blanca, en 1982 y es profesora en Letras por la U.N.S.
Actualmente reside en Río Colorado (pcia. de Río Negro), donde coordina el Club de lectura “Río de palabras”.

Poemas textuales es su primer libro publicado.

TODO EL 2018

Se termina el 2018 y queremos recordar todas nuestras publicaciones del año:
Hoy, “Poemas del maravilloso ritual”, de Silvia Camuña.
¿Dónde la palabra
o la canción blanca
que invada mi vacío?
¿dónde la corona de heno
para mi fiebre?
 
el cristal de mis huesos
se doblega
bajo los yugos del silencio
 
(y esa palabra existe).
 
SILVIA CAMUÑA nació en San Miguel de Tucumán en 1971.
Ha incursionado en diversos géneros: poesía, microrrelatos, novela corta, cuento, dramaturgia y guión cinematográfico.
Recibió el premio nacional Fundación Octubre (2002) con “Poemas del maravilloso ritual”, obra que da título a esta nueva publicación.
De los poemarios contenidos en este libro, también fueron premiados “Recuerdos del Erial” (Primer Premio en Poesía en el Concurso Sociedad Dante Aligheri, Tafí Viejo, Tucumán, 2009) y el poema IV de “La boda roja” (Mención de honor Poema Ilustrado en el Mayo de las Letras, Tucumán, 2009).
Tiene publicadas tres nouvelles: “Miskimina” (1998); “Clademira y el vuelo” y “Relato en son para Mala” (2013).
Participó en la antología “¡Basta! Cien mujeres contra la violencia de género” (2013), y en la antología trinacional “Borrando fronteras” (2014), de la editorial Macedonia.
En poesía, sus publicaciones anteriores son: “Poemas de la montaña” (Plan Nacional de Lectura del Ministerio de Educación de la Nación, 2009) y “Tumba do” (Huesos de jibia, 2017).