Category Archives: Entrevistas HDJ

Sobre Saint Elmo. Entrevista a Hernán Sagristá

Sobre Saint Elmo.
Entrevista a HERNÁN SAGRISTÁ, 
por Walter Cassara.
 

PREGUNTA: Lo primero que me gustaría preguntarte es acerca del título del libro, Saint Elmo… El lector puede sospechar que hay allí gato encerrado; muchas capas de sentido entretejidas; en principio, ciertas claves: el horizonte barrial interpolado al horizonte mítico —y al revés—, las gestas de la epopeya nacional glosadas en el almacén de la esquina, etc. ¿A qué se refiere? ¿Qué ficción —si es que hay alguna— se enmascara detrás de ese nombre?

RESPUESTA: Al principio se iba a llamar “Glosas importunas”, un arcaísmo que quedó como subtitulo de la segunda parte. El nombre “Saint Elmo” lo había incluido en varios poemas, era bien concreto y con fuerza… ¿Qué hay detrás? Un barrio ficticio, que puede remitir desde lo literal a ese primigenio de la Bs. As. colonial, pero siempre, es más como los tentáculos de un pulpo que acapara sentidos. Un barrio, reflejo de una ciudad, la nueva arcadia como la nombraban (quizás sarcásticamente) los invasores; la pampa como frontera mítica; y en su megalomanía, el vasto territorio caótico y ruinoso, con destino de patria. Como decís, desde el principio estuvo eso de una epopeya nacional algo doméstica. Cuando me mudé a San Telmo, me “flasheó” ir al supermercado y pasar por la Iglesia de Santo Domingo y la casa del virrey Liniers. Ese fue el clic que disparó todo. Y de ahí también ese “afrancesamiento”. La idea era no convocar el catálogo de clichés de ocasión más de lo necesario (lo español en lo histórico, lo marginal como tema y tono, el gaucho literario, el tango, etc.); trabajar un corrimiento de sentidos en lo ficcional y el lenguaje.

PREGUNTA: Hablando de lo “marginal”, justo estoy releyendo ahora El juguete rabioso de Arlt, y hacia las últimas páginas, aparece esta frase en la descripción que se hace de una calle de un mercado popular, en Flores: “chillona de policromía, churrigueresca de tintas…”, lo cual me remitió de inmediato a la atmósfera de tu libro y a ciertos matices (o matrices) estilísticos… ¿Sentís que tu poesía podría tener alguna afinidad con el churrigueresco arltiano? Luego, ¿es posible conciliar la estética, el desapegado dandismo de lo marginal con el ethos patriótico y más bien sentimental del barrio?

RESPUESTA: No lo había pensado, pero puede haber algo “churrigueresco”. Leí hace mucho tiempo a Arlt, pero tengo un recuerdo feliz de sus novelas, de hecho, está entre mis preferencias. En todo caso, lo marginal no me interesa tanto en sí mismo como tema, tampoco como vehículo para experimentar con las formas de decir.  Es un condimento más, que entra en juego junto a otros y permite disparar la escritura para distintos lugares. Podría ser, igualmente, el lenguaje técnico o burocrático o ciertos modos en el uso de las redes sociales. Qué bueno lo de un dandismo marginal. Me gusta pensar lo dandi, como gesto estético de lo precario. Un ejemplo, se me ocurre sería el artista Joseph Cornell.  Volviendo… cuando empecé a escribir Saint Elmo, investigué un poco algunas cosas que quería plasmar. Me encontré con un trabajo de investigación muy bueno sobre la marginalidad en la Buenos Aires histórica. Es sorprendente cómo las crónicas de viajeros en el periodo colonial hacen referencia a la cantidad de gente mendicante que vive en la calle (y cierta aceptación o naturalidad, casi un regodeo). Quería incluir algo de todo ese universo, incluso ir más allá, un poco para “pinchar”, y así surgió el personaje de aprendiz de dealer o barrabrava de poca monta que se vuelve héroe de la reconquista. En la historia oficial, el pueblo aparece en la gesta patria medio edulcorado y al pie de página. La idea era deformar, enturbiar, oscurecer todo ese ideario romántico.

PREGUNTA: ¿Viste alguna vez una fatamorgana? Es un fenómeno que ocurre cuando el aire caliente y el aire frío se mezclan, se refractan en el horizonte, y entonces lo que vemos se nos aparece en una imagen duplicada e invertida, como en un cuento de hadas… En cierto sentido, en la historia argentina, ocurre como si lo frío y lo caliente siempre se estuviesen mezclando; produciendo una y otra vez, cíclicamente, espejismos inferiores y superiores en todas las épocas; fatamorganas dialécticos, rocambolescos, folletinescos, empezando por… “Sombra terrible de Facundo, voy a evocarte…”. Si no me engaño, ¿la idea rectora de Saint Elmo es recorrer esos espejismos o fatamorganas nacionales, desde la perspectiva de la lengua, desde sus distintas jergas o idiolectos, aunque no haya ninguna intención ideológica en ello? ¿O es que sí la hay?

RESPUESTA: Mentiría si digo que desde el comienzo tenía claro para dónde se orientaba el libro. Con cada poema que agregaba a la serie el caldo se iba espesando; producto también de los cambios de registro, que fue algo deliberado, y con el enrarecimiento de la escritura fue haciendo lo suyo la puesta en escena patria. El choque de jergas, arcaísmos, referencias históricas junto a otras pop, y, sobre todo, una sintaxis rota y vuelta armar, que fue in crescendo a lo largo del libro. En el camino, fui advirtiendo algunas relaciones. Entre la primera y la segunda parte había diálogo inaugural que permitía abrir el juego a la ficción partiendo de una poesía que roza lo biográfico. Y en la figura del virrey, la representación de ese enrarecimiento del aire del que hablás, la mezcla de lo frío y lo caliente, que es posible transpolar a toda la historia. Personajes que pueden ser héroes y villanos al mismo tiempo o que den un giro abrupto. Ahí está el barrabrava o los patriotas de los días de mayo vueltos pandilleros. Uno puede pensar también, en un pasado recuperado y en línea directa con el presente. Un tembladeral patrio bañado de limo que todo lo “enchastra”. En definitiva, el poema fue armando la epopeya, pero no tuvo intenciones ideológicas. Si lees el poema a Rosas, dejé de lado un poco mi pensamiento (tengo aprecio por su figura con sus claros y oscuros), sin embargo, no sale muy bien parado. Hay un poco de ironía en todo eso. Un tipo de prócer que no se banca la figurita escolar y resulta difícil de digerir.

PREGUNTA El poema sobre Rosas está —a mi juicio— entre los momentos más altos del libro. En buena medida, Rosas es el ángel exterminador, el auténtico Belcebú o Darth Vader de la literatura argentina. De una manera u otra, toda nuestra cultura literaria se adentra en ese callejón oscuro de la historia, se funda en el odio encarnizado de su persona, un odio o temor que paradójicamente termina rozando la idolatría… Y su trayectoria pública, sigue siendo un tabú historiográfico… ¿Pensás que la poesía puede ser abordada en estos términos, digo: en los términos de una tradición o cultura literaria, exclusivamente local o “nuestra”, con este Darth Vader flameando desde el lado oscuro?

RESPUESTA: Como dijiste anteriormente, el libro retoma la historia desde el almacén de la esquina. En el caso del poema sobre Rosas, al momento de su escritura, esa apuesta no intentaba ensayar tal paradoja, o sí, pero no salió de una manera premeditada. Eso es lo bueno de la poesía, uno no se propone desde el comienzo tal o cual cosa, pero hay algo amasándose que finalmente sale. Y a la luz de tu pregunta, es posible que ese registro “doméstico” permita desacralizar su figura o bajarle el precio a esa encarnación del mal.  Respecto a la poesía, puede ser que haya algo de tabú, la poesía circula medio endogámica, los que la escriben, los que la editan y los sospechosos de siempre. Como si fuera una especie de montaña inexpugnable, a la que se le teme y por eso, a veces, se relega. La poesía argentina, en cierto modo es localista, y me parece bien que sea así. Pero eso quizás la hace más vulnerable a las pugnas internas (se me ocurre ahora a vuelo de pájaro charlatán…).

PREGUNTA: El lema de Montaigne era ¿Que sais-je?… Valdría la pena que circulara un poco más en estos tiempos de algoritmos compulsivos y doxa desbocada. ¿Tenés alguna insignia personal de vida? ¿Cómo te llevás con los mass-media? Y desde este contexto, ¿cómo te imaginás el futuro de la poesía?

RESPUESTA: No tengo las cosas tan claras como para atribuirme una insignia personal. Sí, soy bastante ácido (incluso a veces para mí), por lo cual, se me pueden escapar algunas máximas burlonas. No digo nada nuevo, los medios se volvieron cenáculos de especialistas en todo, la cuestión es llenar horas o páginas. Soy crítico de los medios, pero los consumo, y no me los tomo tan en serio. Con las redes, pasa otra cosa, existe una compulsión a figurar, a tener que mostrar o decir algo ingenioso. Creo todos caemos un poco en eso. Después está la agresividad o los exaltados que andan maltratando por ahí. En el caso de la poesía, es curioso, noto solapadamente, una actitud medio policía en las redes. Digo, pontificar un tipo de poesía sobre otras, bajar línea de cómo sería escribir poesía hoy. No creo mucho, en términos generales, en el progreso, en una evolución (en términos de arte) respecto al pasado ¿Por qué deberíamos pensar en un tipo de poesía superadora? Todo puede coexistir y remezclarse nuevamente. Siempre fue así, y siempre surgieron formas nuevas.